Bastaron 6 minutos y 53 segundos para que Basic Black viera la luz. Allá por el año 1967 nacía el primer fashion film, con Nueva York como escenario y la moda como hilo conductor.

Dirigido por el fotógrafo William Claxton, junto al diseñador Rudi Gernreich y la modelo-musa de Vidal Sassoon Peggy Moffit, la pieza audiovisual fue un auténtico soplo de aire fresco en una época en la que los consumidores de moda querían formar parte de ese mundo, antes lejano e inaccesible. Había nacido el prêt-à-porter y traía bajo el brazo una nueva forma de hacer vídeo marketing de moda: eran los fashion film.

A medio camino entre un anuncio, una producción cinematográfica y un vídeo clip, los fashion film cuentan con todos los ingredientes para llegar a diferentes clientes, comunicarse con ellos. Hablan su mismo lenguaje, les hace soñar, anima a comprar y sirve para fidelizarles casi de por vida.

La necesidad del mundo de la moda de llegar al potencial consumidor, cubriendo todos los canales, son el caldo de cultivo perfecto para promocionar a las marcas a través de estas deliciosas producciones audiovisuales colgadas en las webs de la marca o en sus redes sociales.

Los seguidores de las firmas de lujo esperan con verdadero deseo el lanzamiento de estas películas protagonizadas por estrellas del cine, la música o de las revistas, con guiones dignos de nominación a los Oscar y producciones tan cuidadas que consiguen enganchar y empatizar con los clientes habituales y con los aspiracionales.

La “nietísima” Gia Coppola plasmó para Gucci la tragedia de Orfeo y Eurídice, o el malogrado Karl Lagerfeld hizo lo propio para la maison Chanel dirigiendo él mismo Reincarnation con Pharrel Williams y Cara Delevigne como protagonistas o “Once upon a time…”

En España parte del éxito de este formato se lo debemos a la sección “Fashion dramas” que la versión digital de la revista Vogue hace con gran éxito desde hace algunos años. Directores como Eduardo Casanova o firmas como Adolfo Dominguez se han unido a la fiebre de los fashion films.

Tal es la calidad de estas obras visuales que son muchos los festivales nacidos para reconocer su trabajo. Es el caso del Madrid Film Festival, el LCI Barcelona Fashion Film Festival, el Prê à Couture Festival Internacional de Fashion Films de Argentino o el Fashion Film Festival de Milán.

En el nuevo mundo en el que una pandemia ha hecho cambiar la forma de consumir (no sabemos si para siempre) los desfiles presenciales dejan paso a nuevas formas de presentar las propuestas. Ya no es necesario observar el front row, las Brand Ambasador de las principales firmas del sector ponen cara, voz y cuerpo a sus protagonistas.

Pero no es un fenómeno exclusivo de los grandes y poderosos holdings del lujo. Los diseñadores emergentes tratan de hacerse un hueco cubriendo desde la perspectiva audiovisual su comunicación. Pequeños presupuestos con grandes historias que contar con la moda como excusa.

Estaremos a la expectativa de los que esta nueva forma de vídeo marketing puede ofrecer al sector de la moda, al cinematográfico y a marketing.