Por Sean Derbees

El maquillaje no es una crema, un color o unos polvos. El maquillaje es un acto indispensable para la presencia intelectual interna de las mujeres. A través de unos cuantos años de experiencia en el sector se ha revelado en mí la parte psicológica que implica para una mujer el estar maquillada.

La psicología implícita en el maquillaje es el dominio de la intelectualidad, la presencia y la seguridad. Al terminar un trabajo de diseño de imagen, me fascina ver la actitud, el contraste y el cambio cuando se le muestra en el espejo el resultado final.

Esto me hace recordar mucho la obra de la pintora Remedios Varo, “Mujer Saliendo del psicoanalista”, en donde dos personalidades, la real y la onírica, actúan en una misma persona.

El uso del maquillaje se puede describir como el tener una máscara, una careta. Un poder transformador de ocultamiento entre el yo y el alter ego. Ambos reales, ambos la misma persona. Para muchas mujeres el acto de maquillarse es más que un ritual. Podríamos describirlo como un ritual de confianza, confiando en el delicado criterio del artista. El hecho de verlas al natural es para algunas como casi estar desnudas. Un acto a veces pudoroso.

El uso del maquillaje se puede describir como el tener una máscara, una careta. Un poder transformador de ocultamiento entre el yo y el alter ego. Ambos reales, ambos la misma persona.

El poder del maquillaje va más allá de la belleza, va a lo psicológico, es como despertar ese alter ego, esa personalidad que sabe muy bien como sentirse y actuar más allá de la belleza física. Es como un chute de seguridad mágica que se nota en un instante.

Como artistas del maquillaje por respeto, confianza y criterio profesional, debemos tener presentes que no sólo estamos ofreciendo un servicio de belleza; somos psicólogos de la imagen y tenemos la capacidad de leer a nuestros clientes de un vistazo.